mie 5a. Sem Pascua (Id=301)
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Que mi boca, Señor, se llene de
alabanzas para poder cantarte; entonces mis labios se estremecerán de júbilo.
Aleluya.
Repleátur os meum laude tua, ut possim
cantáre; gaudebunt lábia mea, dum
cantávero tibi, allelúia
Oremos:
Dios nuestro misericordioso que salvas al pecador y lo llamas a tu amistad;
atrae hacia ti el corazón de tus fieles, para que siempre vivan a la luz de tu
verdad los que han sido librados de las tinieblas del error.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Se decidió que Pablo y Bernabé fueran a Jerusalén a ver a los apóstoles
Lectura del libro de los Hechos de los
apóstoles
15, 1-6
En aquellos días, algunos que habían venido
de Judea enseñaban a los hermanos:
"Si no se circuncidan según el mandato de Moisés, no pueden
salvarse".
Este hecho provocó una acalorada discusión de Pablo y Bernabé contra ellos.
Debido a esto, determinaron que Pablo, Bernabé y algunos otros fueran a
Jerusalén, para tratar este asunto con los apóstoles y los
responsables. Provistos, pues, por la iglesia de Antioquía
de todo lo necesario para el viaje, atravesaron Fenicia y Samaria contando la
conversión de los paganos, y llenando de gran alegría a todos los hermanos.
Al llegar a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia, los apóstoles y los
responsables, y les contaron todo lo que Dios había hecho por medio de ellos.
Pero algunos de la secta de los fariseos, que se habían hecho creyentes,
intervinieron diciendo que era necesario circuncidar a los convertidos y
obligarlos a cumplir la ley de Moisés.
Entonces los apóstoles y los responsables se reunieron para examinar este
asunto.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Sal 121, 1-2.3-4a.4b-5
Vayamos con alegría al encuentro del
Señor.
In domum Dómini laetántes íbimus
Me alegré cuando me dijeron: "Vamos
a la casa del Señor". Nuestros pies ya pisan tus umbrales, Jerusalén.
Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
In domum Dómini laetántes íbimus
Jerusalén está construida como ciudad
bien trazada; allá suben las tribus, las tribus del Señor.
Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
In domum Dómini laetántes íbimus
Para dar gracias al nombre del Señor,
según la costumbre de Israel. Porque allí están los tribunales de justicia, en
el palacio de David.
Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
In domum Dómini laetántes íbimus
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Permanezcan en mí y yo en ustedes, dice el Señor; el que permanece en mí da
fruto abundante.
Manéte in me, et ego in vobis, dicit Dóminus; qui manet in me fert fructum multum
Aleluya.
El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante
† Lectura del santo Evangelio según san Juan
15, 1-8
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
"Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador. El Padre corta todas
las ramas unidas a mí que no dan fruto y poda las que dan fruto, para que den
más fruto.
Ustedes ya están limpios, gracias a las palabras que les he comunicado.
Permanezcan unidos a mí, como yo lo estoy a ustedes. Ninguna rama puede
producir fruto por sí misma, sin permanecer unida a la vid, y lo mismo les
ocurrirá a ustedes, si no están unidos a mí.
Yo soy la vid, ustedes las ramas. El que permanece unido a mí, como yo estoy
unido a él, produce mucho fruto; porque sin mí no pueden hacer nada. El que no
permanece unido a mí, es arrojado fuera, como las ramas que se secan y luego
son amontonadas y arrojadas al fuego para ser quemadas.
Si permanecen unidos a mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que
quieran y lo tendrán. Mi Padre recibe gloria cuando producen fruto en
abundancia, y se manifiestan como discípulos míos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Concédenos, Señor, que la celebración de estos
misterios pascuales nos llene siempre de alegría y
que la actualización repetida de nuestra redención sea para nosotros fuente de
gozo eterno.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Cristo vive por siempre e intercede por nosotros
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber
y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en este tiempo en
que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Porque él no cesa de ofrecerse por nosotros, de interceder por todos ante ti;
inmolado, ya no vuelve a morir; sacrificado, vive para siempre.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar
el himno de tu gloria:
[Misa]
El Señor, que nos redimió con su sangre, ha resucitado y ha hecho resplandecer
su luz sobre nosotros. Aleluya.
Surrexit Dóminus et illúxit
nobis, quos redémit sánguine suo, Allelúia
Oración
después de la Comunión
Oremos:
Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, precio de nuestra redención, nos ayuden,
Señor, a cumplir tus mandamientos y a obtener nuestra felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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